México | 7 minutos de lectura
Mi ciudad, Cuernavaca, Morelos, es de clima tropical, vivo con mi esposo y mi pequeño hijo de 4 años, mi entorno es solitario por decisión, como familia nos gusta la tranquilidad. Aunque también disfrutamos del aire libre, por lo que estamos inscritos en un club de tenis con alberca muy cerca de casa para refrescarnos en tiempos de primavera y verano.
El club de tenis es un espacio presuntuoso, por lo que nunca ha sido de mi interés tener amistades ahí, operan criterios de prestigio basados en el apellido, la profesión, el puesto político, y por supuesto el color de piel que da como en muchos otros espacios el privilegio al cuerpo blanco.
Mi hijo, mi esposo y yo somos morenos y yo soy orgullosamente afrodescendiente. Por lo que no somos el tipo de personas con los que se toman la foto para promocionar las instalaciones o a quienes invitan para actividades de grupo. Digamos que no nos corren, pero es claro que no encajamos en el perfil deseable de un socio o socia del club.
Sirva todo este contexto para explicar el acto de racismo que viví el 30 de abril de 2023, el “día del niño”, junto con mi hijo en los vestidores de mujeres de dicho centro social. Un momento muy incómodo donde se reprende a mi hijo frente a mí por abrir una puerta, de un cambiador de una mujer de aproximadamente 65 años que dijo sentirse abrumada de que la viera desnuda un niño de 4 años.
Yo me disculpé del incidente, pero la mujer insistió en que desde esa edad ya pueden los niños empezar con “mañas”. Yo la escuchaba y no daba crédito a lo que oía, poco a poco me fui ubicando en la escena de mi cuerpo moreno frente al cuerpo blanco de la mujer que nos insultaba a mi hijo y a mí porque le incomodaba nuestra presencia.
Con igual derecho que ella pagamos el servicio del club, ella fuera de sí dijo “¿el niño no tiene derecho de estar aquí!”; yo casi muda del coraje no puede expresar lo que pensaba, pero recordaba el principio del interés superior del niño o niña, que reconoce sus derechos por encima de los adultos a favor de garantizar un desarrollo integral y una vida digna. Además, lo emblemático de la fecha, pues el día del niño no solo es un día de juguetes, sino para recordarle a los adultos que los niños tienen derechos.
Mi hijo la miraba con miedo, no sabía que estaba pasando, y yo intentaba lidiar con la situación, al tiempo de contener a mi hijo, en ese momento mi amiga e invitada salió a ayudarme con mi hijo para sacarlo de la situación. La mujer blanca de nacionalidad argentina vio en mi amiga, solo otro cuerpo moreno, al que se refirió como si fuera mi “empleada”, para hacerse cargo del niño.
Yo me contuve mucho para no gritar o insultar a la mujer que tan deliberadamente nos repetía que ella era la importante ahí, que ella “era socia” y “tenía hasta casillero”, ambas cosas que también tengo yo. Una conversación irracional, como irracional es el racismo sistémico que “indica” que las personas de pieles negras o morenas no deberíamos estar disfrutando del sol y la alberca como lo hacen aquellas de pieles blancas.
La discusión se desarrolló a la vista de otras personas que pasaban de largo, no sé qué pensarían, pero a cada insulto de la mujer argentina de cuerpo blanco yo respondía con argumentos y eso le molestaba más. La élite blanca está tan acostumbrada a gritar y vernos callar que se sentía cada vez más molesta. Yo no claudique y acordamos cada quien atender sus asuntos y revisar el caso en la administración.
No presenté queja escrita, pero si expuse el caso de manera verbal mi incomodidad por el acto racista vivido de una mujer adulta hacia mi menor hijo de 4 años. Sumado los comentarios racistas hacia mi persona y mi amiga, todes nosotres con cuerpos morenos. Desde esa fecha no ha pasado nada, no ha habido alguna consecuencia de tratar de atender el tema, solo silencio. Me parece gravísimo el mensaje de permisividad al racista, que se permite agredir a las infancias, el racismo tiene impactos muy importantes en nuestras vidas, y esos impactos son negativos, y en los niños deja inseguridades que más adelante afectan en el desarrollo de su vida adulta. Lo que hizo esta mujer argentina de cuerpo blanco a mi hijo es violencia racista, y eso roba la infancia.
Prestemos atención a nuestros entornos y no permitamos que el racismo nos robe tranquilidad y menos que nos robe lo más bello que tenemos: la inocencia de nuestras infancias. No al racismo, si al cuidado de nuestros entornos socioafectivos. Todes contra el racismo. Gracias.






