Colombia | 5 minutos de lectura
La niñez afrocolombiana vive diversas formas de violencia racial en la escuela que surge sus desarrollos psíquicos, sociales, emocionales, afectivos, lingüísticos y académicos. El racismo y la discriminación racial, aunque prácticas cotidianas, están tan naturalizados en el imaginario social colombiano que resulta aún poco atractivo para la academia. Asimismo, las acciones de las instituciones que comprenderán el sistema educativo para contrarrestar este epifenómeno son limitadas. Es un necesario un esfuerzo considerable para que la escuela y la sociedad sean escenarios de hospitalidad para la niñez afrocolombiana.
Por hospitalidad entendemos la disposición o colocación (Zemelman) escolar, en su relación con la sociedad, para acoger y promover las subjetividades, historias, lenguajes, imaginaciones y creatividades de la niñez afrocolombiana en condiciones de justicia, equidad e igualdad de derechos. Por tanto, las autoridades educativas del país deben avanzar con prontitud en una desracialización y descolonización del sistema escolar, como muchos investigadores e investigadoras lo venimos proponiendo desde el campo de la AfroEtnoeducación y los Estudios Afrocolombianos.
En este orden de ideas, creemos que es fundamental que las instituciones, maestras, maestros y las familias se tomen en serio la recreación, la lúdica y el juego de nuestros niños y niñas. Los niveles iniciales, jardín y preescolar, son momentos trascendentales en la vida de la niñez. En esta etapa se forjan los desarrollos psíquicos, emocionales y sociales que pueden determinar su desenvolvimiento en las etapas posteriores. Esto es válido para el niño o niña afrocolombiana como para la niñez no afro. Esta última, puede incorporar el racismo, la discriminación racial, el prejuicio y los estereotipos en edades tempranas, un daño que puede perdurar a lo largo de la vida. En este sentido, la promoción de actividades y objetos infantiles que se parezcan y que correspondan con sus tonalidades de piel, sus cabellos, sus lenguajes, sus culturas, sus cotidianidades. Aunque hay avances en este sentido, estos resultan mínimos ante el poder del sistema educativo.
También, la hospitalidad inicia con la amigabilidad del espacio que ocupará el niño o la niña afrocolombiana. Entonces, la infraestructura de las instituciones educativas debe albergar de alguna forma la diversidad del país y, particularmente, la afrocolombianidad. Esto es, por ejemplo, las ilustraciones y decoraciones de los jardines infantiles y escuelas deben adaptarse a los rostros de la niñez afrocolombiana. Los muros del jardín y la escuela forman o deforman culturalmente la niñez. Estos ofrecen un ideal de sociedad. De manera que, si en las ilustraciones “decorativas” del jardín se representa el amor por la naturaleza, la niñez integra valores similares. Por tanto, la ausencia o deformación de la afrocolombianidad en las representaciones naturaliza la invisibilización o reproduce estereotipos; lleva al niño o niña afro al borde del no ser, porque para el imaginario colectivo, otros rostros sí son dignos de ser mostrados y representados. En el caso del niño no afro, introyecta la ideología racista y la subalternización contra los no representados. Finalmente, no podemos hablar de una desracialización o descolonización del jardín infantil o de la escuela, por tanto, de hospitalidad, sin hacer mención a las narrativas: cuentos, cantos, rondas, novelas, poesía, eventos y, posteriormente, la enseñanza disciplinar. El concepto de inclusión resulta bastante problemático porque implica la asimilación. No conlleva realmente a una reinvención de los espacios, saberes, haceres, relaciones, sentiresy experiencias escolares. La axiología que promueve la inclusión es piramidal, hegemónica y, por consiguiente, racista. En otras palabras, los procesos de escolarización en Colombia fueron pensados para dar lugar al sujeto afro de subalternización, pero no para incorporar sus agencias milenarias (como pueblo) y consuetudinarias (como sujeto) como parte de la narrativa de lo escolar y lo social. Así, ingresaron los sujetos bajo la idea de universalización del derecho a la educación, pero las historias que atraviesan y/o constituyen estas personas siguen siendo negadas, ocultadas, tergiversadas o periferizadas. Entonces, ¿Será la escuela un lugar seguro para la niñez afrocolombiana?






